hace 7 días
Mi novia me mandó un artículo sobre Claude Code. No porque ella esté metida en el mundo. Me lo mandó porque yo menciono Claude Code todo el tiempo, y le cayó una nota por un medio más mainstream (421).
Eso, por sí solo, no prueba nada. Viral no es verdadero. Pero avisa.
Porque la viralización no pasa solo por “hype”. Pasa porque algo genera muchos puntos concretos de impacto. Se comenta en un lado, se prueba en otro, alguien lo sufre en el laburo, alguien lo celebra en un repo, y se replica. Como un virus: no por noble, sino por contagioso.
Del lado nerd, mi termómetro fue otro. Con mis amigos devs le decimos “Claudio” de tanto usarlo. Pero lo más fuerte no es el apodo: es que cambió lo que nos compartimos. Antes era: artículos, takes, comparativas, “este modelo le gana a este”. Ahora, cada vez más, es: trucos concretos. Hacks de workflow. Cómo armar subagentes. Qué delegar, qué no. Cómo encadenar tareas sin romper todo. Y aparece una sensación rara: esto ya es base. Ya no lo estamos “probando”. No nos imaginamos un paso atrás.
Yo tengo un reflejo anti-hype bastante fuerte. No por hacerme el distinto, sino por ancho de banda. No me da la cabeza para darle entidad a todo lo que supuestamente “lo cambia todo”. Y a esta altura, además, el incentivo está roto: la economía de likes, views y retweets premia la hipérbole. “El fin”, “el comienzo”, “cambia para siempre”. Me resbala.
Ojo: no es que no confíe en nadie. Confío en fuentes cercanas y confiables. Confío en amigos que lo usan. Confío en algunos referentes que no viven de likes, o que al menos tienen un contrato claro con su público. Hay poca gente así, pero existe. (ThePrimeagen, por ejemplo, me sirve de referencia por ese lado: no porque “tenga razón”, sino porque no necesita gritar.)
Y, sobre todo, confío en mi realidad. Mi contexto. Mi laburo. Si una herramienta me ayuda a cumplir objetivos reales, la adopto. Si no, es contenido.
Yo no tengo un “backlog de pruebas técnicas”. No estoy probando cosas por deporte. Ya tengo suficientes problemas reales como para necesitar mejorar. Y ahí hay un punto que me obsesiona: los dos extremos son nocivos.
Un extremo es la resistencia total: no innovar nunca salvo que te obliguen. Eso te deja rígido, lento, pagando intereses en el peor momento.
El otro extremo es la adopción compulsiva: probar todo siempre para no sentirte afuera. Ese FOMO te quema el foco y te deja ansioso.
Para mí hay un intermedio sano: mejorar cuando tu problema lo amerita. Probar lo que está relacionado con tu trabajo. Escuchar a la gente en la que confiás. Elegir sin paranoia.
Con ese marco, mi historia con esto no empieza con Claude. Empieza con una incomodidad.
Yo venía usando Cursor. Me servía, pero me drenaba. Mucha UI, mucho panel, mucho chirimbolo compitiendo por atención. Hasta que salió Cursor CLI y me fui a la terminal. No por hacerme el loco, sino por capacidad mental: menos RAM en la máquina y menos RAM en la cabeza.
La terminal tiene algo que se siente casi físico. Es silenciosa. No te empuja. No te distrae. Es un loop claro: pedir, ver, aplicar. Cuando laburás así varios días seguidos, se te reordena la forma de pensar.
En ese estado empecé a usar Cursor CLI y Claude Code en paralelo. Y ahí apareció una escena puntual en la que dejé de “probar” y pasé a “creer”.
No fue un benchmark. Fue coordinación.
Estaba laburando y noté algo que, sin ser místico, se sentía distinto: Opus no solo respondía bien. Opus parecía entenderme perfecto… y además entendía el sistema en el que estaba metido. Entendía que “Opus” era un modelo, que “Sonnet” era otro distinto y menos potente, y usaba esa diferencia como parte del diseño. Me ayudaba a decidir qué delegar, cómo dividir tareas, cómo armar subagentes, qué dejar en Sonnet, qué reservar para Opus, qué revisar yo. Hablaba de sí mismo y de otros componentes que dependían de él y de mí, con una claridad operativa de jerarquías: quién decide, quién ejecuta, quién valida.
No le llamo “consciencia” como concepto filosófico. Le llamo consciencia operativa: entender roles, límites y dependencias para que el sistema funcione. Y cuando un agente se mueve cómodo ahí, algo cambió.
Ahí me cayó la ficha: no es solo “un modelo que codea”. Es un cambio de trabajo. Pasás de escribir a dirigir. De tipear a orquestar. De empujar líneas a empujar decisiones.
En paralelo me pasó algo muy concreto: Cursor me mandó un mail porque el mes anterior había gastado 600 USD. Se ve que saltó una alarma de heavy user. Y yo ya estaba viendo otra cosa: el plan Max de Claude (200 USD) me cubría todo lo que necesitaba.
Entonces me di de baja.
Le contesté a Cursor, sin chicana: “me parece que Claude es mejor para este uso; el plan de 200 me cierra; si quieren que me quede, ofrézcanme algo o díganme por qué vale la pena”. Les di una oportunidad.
Nunca me respondieron.
No lo digo como ataque. Lo digo como síntoma. Hay herramientas hechas por gente que las usa de verdad, y herramientas empujadas por gente que las vende. A veces coincide. A veces no.
Claude tiene bugs, tiene cositas, como todo. Pero se nota que lo usan. Se nota en cómo está pensado el loop. Se nota en qué fricción saca primero. Y se nota en que, por lo general, cumple y supera expectativas en el trabajo real. Y lo mismo me dicen otros devs con los que comparto experiencias: no es “Claude ganó” como debate adolescente; es “Claude se volvió base”.
Después, sí, aparece el discurso grande: “fin del coding”, “se terminó programar”, etc. A mí el titular me da alergia. Suena a frase hecha para circular.
Pero hay una versión de eso que sí creo: es el fin de una forma de codear. La forma donde tu valor era, principalmente, escribir líneas. La forma donde el teclado era el cuello de botella. Eso se está rompiendo.
Y ahí vuelve el inicio: viral no es verdadero, pero avisa. La realidad no me la trae un thumbnail que dice “el fin”. La realidad me llega cuando cambia mi día. Cuando cambia lo que compartimos con amigos. Cuando cambia el loop. Cuando la herramienta deja de ser tema y pasa a ser infraestructura.
No sé si se terminó el coding. Sé que yo ya no laburo como antes.